
Piedra de Tranca
EL CORTEJO
Septiembre 7, 2010 - 07:37
El escribidor expresa su sentir ante el sepelio de Franklin Brito, el cual catalogó como grotesco / Mencionó que un hombre bueno como él no se merecía que sus restos mortales, velados en una funeraria, fueran objeto de tanta hipocresía
MARCIANO
GROTESCO. PATÉTICO. UNA ESCENA extraída del teatro del absurdo. Así percibió este escribidor el ceremonial que rodeó el sepelio de Franklin Brito. Un hombre bueno como él no se merecía que sus restos mortales, velados en una funeraria, fueran objeto de tanta hipocresía. Que su cadáver fuera paseado con grosero desparpajo. Apartando a los familiares, que tenían todo el derecho a hacerlo, el resto del cortejo, jóvenes manitas blancas fingidamente compungidos y la fauna politiquera que no mostraba dolor sino ansias de aparecer, sobraba.
FRANKLIN BRITO NUNCA tuvo razón en lo que planteaba. Desde el propio origen, ya que no había sido víctima de ningún atropello. Sus tierras no fueron invadidas y, al contrario, el episodio que él denunció sobre un presunto despojo sirvió para que el Gobierno le diera la titularidad de ellas. Brito optó por la huelga de hambre porque quiso, no lo hizo impelido por una injusticia. Se apostó frente a las oficinas de la OEA porque era el mejor lugar, el más estratégico, para llamar la atención y para que los medios se dieran banquete. No fue obligado a ir al Hospital Militar como un secuestrado, sino para preservarle la vida. Cuando planteó el traslado a la Cruz Roja, se convino en ello, pero luego surgieron dificultades y debió reingresar al Hospital Militar donde contó con una asistencia excepcional, con todos los recursos del hospital a sus órdenes. No estaba preso, como dicen, en el lugar. Allí lo tuvo todo: consideraciones, afecto del personal, desvelo de los médicos y la visita de familiares y amigos sin ninguna restricción.
PERO BRITO, ENVENENADO como muchos otros venezolanos por la prédica mediática que conduce a desconectarse de la realidad y a asumir los antivalores que los medios promueven e inyectan a las personas, se dejó influir por las presiones de quienes le recomendaban perseverar en una causa sin salida, con grave riesgo para su vida. Aquellos que lo aconsejaban jugaban a su muerte, no a la solución de problemas que en realidad no tenía. En semejante situación su destino estaba marcado. El cortejo esperpéntico al final se saldría con la suya y cobraría con otra vida su prédica de odio. El designio se había consumado. La manipulación lograba presentar el caso Brito como una irrefutable prueba del carácter desalmado del gobierno de Chávez.
ENCUESTAS: Ninguna de las que circula responde a la verdad. Todas están pinchadas. El trabajo de campo da una cosa y lo que luego entrega la empresa al público es otra. Ninguna encuesta ofrece actualmente un método confiable, y se repite la historia de pasados fracasos. Esta elección del 26-S es atípica. Se realiza en un contexto de extrema polarización que, sin embargo, carece del atractivo de una presidencial. Pero Chávez ha logrado conectar el evento a su figura y colocar al elector -a su elector, mayoría en el país- ante el dilema de que una derrota del chavismo significa la derrota de su líder y del proyecto revolucionario. La oposición pisó el peine y cazó la pelea en ese terreno. La particularidad de cada circuito, la maquinaria, el liderazgo, el candidato con anclaje local, determinarán la victoria o la derrota. Por cierto, por ahí salió otra vez Alfredo Keller -quien nunca pega un vaticinio electoral- diciendo que el 48% de los indecisos se inclina por la oposición. Tronco de embustero. Y pensar que le pagan por mentir.-
(Publicado por Diario Vea)
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